sábado, 17 de junio de 2017

Graciela Dufau: No me pienso morir


Graciela Dufau: "El éxito es más peligroso que el fracaso"

La actriz volvió al Cervantes para protagonizar No me pienso morir.

"A los 30 años tengo que ser una buena actriz", se dijo Graciela Dufau y se puso a estudiar. Las circunstancias de su vida la llevaron a tomar ese camino y se dio cuenta de que era lo que quería para su vida. Hoy, 45 años después, se prepara para salir al escenario del Cervantes sabiendo que cada minuto de la vida es una ocasión. Después de muchos años volvió a ese escenario (ver recuadro) donde de jueves a domingos protagoniza la obra de teatro "No me pienso morir".

Dufau trabaja desde los 16 años, cuando murió su padre y arrancó su vida laboral como modelo hasta que se encontró con el mundo del arte. "Mi padre era periodista, murió de un infarto", cuenta la actriz. Para ella, él fue su gran influencia. "Me dejó tres estantes de libros", comenta y agrega que así fue como comenzó su gusto por la lectura y sobre todo por el teatro. "Mis padres no tenían mucho dinero pero se las rebuscaban para conseguirme una entrada, así vi a Edith Piaf cuando vino a la Argentina y fui al Teatro Colón una vez por mes. Ahora pienso cuánto sacrificio habrán hecho. Tener posibilidad de acercarse a la belleza y contactarse con el arte es una enorme ayuda. Quiero eso para mi país, siento que es parte de la salvación. Si de chico has tenido acercamiento al arte, siempre es un bálsamo", expresa con firmeza Dufau.

Perseguir los sueños fue la clave para la actriz, por eso aunque era alumna promedio 9, dejó la secundaria y se fue por su cuenta a Italia. "Allí conocí a Michelangelo Antonioni, que me dijo que me volviera a hacer carrera en mi país porque allá estaba difícil. Él ya era conocido y a pesar de eso, me contó que tuvo que robar un pedazo de carne porque no tenía nada para comer. Le hice caso, me volví y a los tres meses de estar acá conseguí trabajo".

La pantalla chica fue un espacio interesante para Dufau. "Estuve en la televisión una época en que tenía una puesta más teatral, había mucha ficción. Ir a cobrar a la Asociación de Actores era un suplicio porque era una época en la que llegó a haber 16 teleteatros en el aire. Ahora no", explica y agrega: "A cambio, hoy hay más de 400 salas de teatro independiente, así que esa energía sigue estando".

A pesar de la trayectoria, Dufau no deja de sufrir de nervios antes de salir del camarín y, en este caso, algo de melancolía. "Mi carrera está terminada, este es el último estreno que hago", reflexiona. "El final está cerca, por edad y por energía", afirma. "Cuando pienso en mi vocación no le temo a la vida, como dice un personaje de Chejov", afirma mientras acomoda sus cosas.

El teatro comercial

Un hito en su carrera fue el éxito de Brujas. "Pensé que iba durar tres meses y duró siete años. A los tres años yo quería dejarlo, pero China Zorrilla me dijo que nunca se deja un éxito. Y tenía razón. Con ese dinero pude comprar los derechos de Sandor Marai para hacer La mujer justa y obras de Mankell. La vida es así en el teatro, juntás la plata para hacer otra obra y después otra. Aunque después te encontrás con que tenés que ir al supermercado y llevar a los chicos al colegio. No hay éxito ni premio que te abrace cuando te vas a dormir. El fracaso y el éxito son dos cosas difíciles de atravesar, pero el éxito es más peligroso que el fracaso. Siempre lo digo". «

Para pensar en el amor

Graciela Dufau protagoniza No me pienso morir, escrita y dirigida por Mariana Chaud. Es un itinerario sobre la vida y los vaivenes del deseo a lo largo del tiempo y describe también el universo de algunas personas de una clase social que no necesitan hacer nada para subsistir porque lo económico está resuelto desde la cuna.

"Amalia, mi personaje, en cierto momento tuvo la posibilidad de un gran amor, pero quedó trunco y ella lo vive casi con naturalidad. Esta es una obra que pone a pensar si se puede disfrutar de la vida, del amor y de las pequeñas cosas sin tener problemas económicos", dice la actriz
La obra fue seleccionada a partir de la convocatoria de proyectos teatrales para programación 2017 y toma como punto de partida la novela Amalia, de José Mármol.

No me pienso morir, de jueves a domingos a las 21, en la sala Orestes Caviglia del Teatro Cervantes.

El regreso luego de Gabo

Hace 29 años fue el estreno mundial de Diatriba para un hombre sentado, de Gabriel García Márquez. La función fue en la sala de la esquina de Córdoba y Libertad y el texto tuvo como musa inspiradora a Dufau. La anécdota es una de las tantas particulares en la vida de Dufau: los organizadores del Festival Internacional de Cine de La Habana le habían pedido que haga un recital de poesía en el Cabaret del Hotel Nacional y ella puso como condición que no se pudiera beber y que se cerraran las puertas del lugar. Al día siguiente, se enteró de que "Gabo" había quedado afuera. Al día siguente fue a verla al teatro junto a Fidel Castro y la invitó a cenar. Allí le comentó que tenía una idea para teatro, nueve meses después de aquel encuentro y sin haber tenido otro contacto, sonó el teléfono de la casa de Dufau. "Respondí y alguien me dijo: 'Conozco esa voz, soy Gabo y no me mandes al carajo pensando que esto es una broma'", así le acercó la obra. "Nunca logré volver a montarla, por eso hace poco hablé con Tantanián y quizá se pueda el año que viene. No tengo la edad para hacer el personaje, pero algo pensaremos", adelantó.

Fuente: Tiempo Argentino

sábado, 3 de junio de 2017

Micaela Fariña: En el columpio


“En el columpio”: la vida de pueblo entre la quietud y el movimiento

Micaela Fariña dirige esta obra que puede verse en El Estepario Teatro. Una gran hamaca como espacio teatral para contar una historia de amor familiar y amor por uno mismo.

Una hamaca en un pueblo de algún lugar de la Argentina. Tres personajes conversan y comparten el tiempo. La muerte de uno de los habitantes los mueve internamente y los llama a hacerse preguntas. La obra “En el columpio” es una historia de amor, pero no “un amor pasional, sino el amor por la familia, por uno mismo y por la ciudad que uno habita”.

Así lo define Micaela Fariña, escritora y directora de este espectáculo que puede verse en El Estepario Teatro -jueves, a las 21, en Medrano 484, CABA-.

“Es una breve historia sobre tres personas que tranquilamente podría ser la de cualquiera que alguna vez se preguntó en dónde estaba o si estaba bien parado”, señala a Télam la directora.

Todo comenzó en un viaje en colectivo en una ciudad extranjera. Hundida en sus pensamientos, Fariña escuchaba la canción “Contigo”, de Joaquín Sabina. En el momento en que la letra dice “Yo no quiero columpio en el jardín”, el colectivo pasó por una plaza y, al ver a una nena jugando con su papá, Fariña percibió la potencia poética y bella de ese espacio.

“Hay algo del estar en movimiento pero en realidad quieto que me pareció muy interesante”, explica la directora sobre esa imagen que hoy se transformó en la obra cuyos personajes son interpretados por Catalina Collardin, Viviana Ghizzoni y Gastón Filgueira Oria.

La historia no es pretenciosa ni plantea enormes tragedias. “La vida no siempre está hecha de grandes sucesos -reflexiona Fariña-. Por el contrario, son aquellas pequeñas e insignificantes cosas las que nos conducen hacia adelante o nos tiran para atrás. Son aquellas decisiones diarias que tomamos o no las que hacen que nuestro devenir varíe”.

En ese sentido, la directora señala que “a lo largo de la vida hay que elegir para dónde ir y cómo recorrer ese camino. Y al elegir, siempre algo se abandona. A veces duele, otras es insignificante, pero hay que soltar lo que nos ata para poder avanzar”.

En el escenario se levanta una gran hamaca. El resto de los espacios escénicos son creados por los actores, quienes los dibujan con tiza. Así como la hamaca es algo quieto que se mueve, todo el espacio escénico responde a esa misma lógica. A tal punto que los personajes, para ir de un lugar a otro, se paran en un punto del espacio y caminan quietos.

Fariña es actriz y licenciada en Arte Dramático. Su rol como directora nació en 2010 con la obra “Entrepiso”. “Quería tener mis propios proyectos sin depender de nada más que mis ganas de hacer, y a partir ahí no paré”, recuerda.

“Dirigir te da libertad. El haberme formado como actriz me ayuda a entender más las problemáticas del actor, lo que es orgánico o no, intentar que los cuerpos puedan hablar”, dice.

A la hora de encarar un proyecto teatral de este tipo, a Fariña la organizan los espacios. “Estoy muy atenta a lo que veo en la vida y me la paso pensando qué puede ser transportado a escena”.

Con “En el columpio”, el espacio estaba en su cabeza. Luego, junto a los actores, comenzó a imaginar la obra. En el comienzo la hamaca eran dos sillas y una escalera. De ahí, comenzó el juego.

“Me encantan los espacios escénicos y apuesto mucho a ellos -concluye la directora-. Me gusta que las obras sean bellas visualmente. En este caso, todo está pensado desde el lugar de la infancia, del que a veces nos olvidamos pero está ahí latente. Como el columpio de la plaza de nuestro barrio, sólo hace falta subirse y hamacarse”.

Fuente: Télam