miércoles, 28 de diciembre de 2016

Gustavo Pardi y Roberto Vallejos: Dignidad


La intriga que se esconde detrás del sistema político

Gustavo Pardi y Roberto Vallejos protagonizan Dignidad, la primera obra del año que dirige Corina Fiorillo, en el Maipo Kabaret

La dignitas era para los antiguos romanos un valor que se sostenía en cada acto aun después de muerto, un concepto semejante al honor para los caballeros medievales o la reputación para los plebeyos contemporáneos. Es Dignidad el título que eligió el autor, el español Ignasi Vidal, para un thriller que enfrenta a dos amigos y compañeros de militancia, obra que resonó en Madrid cuando se presentó en 2015 y que el jueves 5 de enero llegará al Maipo Kabaret, por decisión de los productores Lino Patalano y Elio Marchi (también responsable de la versión), que apostaron a la pimienta en el verano caliente de un año electoral.

"La obra habla de política, de lo que pasa y se dice puertas adentro. Pero lo que importa es el vínculo entre estos personajes. Podrían ser dos amigos de cualquier profesión", dice Gustavo Pardi, uno de los protagonistas junto a Roberto Vallejos, quien también ubica lo central en la posibilidad de reflexión: "El teatro permite eso, tener un lugar donde posicionarse ante tan poca claridad, tener algo para decir. La obra invita a preguntarnos sobre qué responsabilidad tenemos como ciudadanos, hasta dónde somos dignos", dice Vallejos. Esta será la segunda vez que ambos son dirigidos por Corina Fiorillo, ganadora del último ACE de Oro (ver recuadro): Vallejos actuó en Miembro del jurado, en 2013, y Pardi en el ciclo Aplausos para la inclusión, organizado por Sagai. A su vez, los dos fueron parte del elenco de la película Eso que llaman amor. "Es imposible llevarse mal con el Negro. Tenemos estilos muy distintos, pero nos conectamos perfectamente. Si no, no podría hacerse esta obra. Estamos todo el tiempo en escena, mirándonos a los ojos, muy expuestos, en una sala donde el espectador está cerca. Y Corina crea un clima relajado, le da seguridad a todo el equipo, transmite confianza", dice quien interpretó a Pikachu en la miniserie El marginal.

Con diseño de escenografía y vestuario de Gonzalo Córdova e iluminación de Ricardo Sica, los personajes se encuentran en un espacio despojado, crudo, de oficina. Trabajan duro y deben precisar detalles de la campaña para las próximas elecciones. Francisco (Vallejos) y Alejandro (Pardi) son integrantes del partido Nuevo Camino, muy bien posicionado en las encuestas. Uno se perfila como candidato a presidente y el otro, su mano derecha, como vice. Amigos desde la adolescencia, charlan, discuten, intercambian opiniones hasta que, de a poco, empiezan a surgir rencores, deudas pendientes, viejos asuntos, secretos que cambiarán la relación que creían estable. Por debajo de las incógnitas abiertas y los hilos sueltos de la intriga policial corre el destino de ese vínculo, si se dobla o se quiebra ante los pactos traicionados.

De la misma manera que pasó en España, es muy probable que los espectadores locales también completen los puntos y les pongan nombres a las situaciones planteadas en la obra. Conscientes de ese efecto, los actores dicen que dependerá de las lecturas personales. En los ensayos con amigos algunos les dijeron que la obra era "contra el Gobierno", mientras que otros comentaron que era "profundamente antikirchnerista". Que provoque esas reacciones es tanto para los actores como para la directora un muy buen síntoma. "No se baja ninguna línea y la gente pone lo que trae o quiere ver. Lo que da vueltas es la idea de traición, hasta qué punto se pueden cambiar las convicciones aun con las mejores intenciones", dice Pardi, cuyo papel en España fue interpretado por Vidal, catalán de 43 años, escritor, actor, músico y cantante que participó activamente en el partido Unión Progreso y Democracia. Aunque para Vallejos estos condimentos suman, repite que lo importante está en otro lado: "La obra no fue escrita pensando en la grieta -sonríe-, sino en la responsabilidad individual. Tampoco esconde un mensaje antipolítico del tipo «que se vayan todos». Creo en la representatividad política y en la responsabilidad de ejercerla, que es lo que trata la obra. Para cambiar el mundo tenemos que cambiar nosotros. En ese sentido es un planteo bastante idealista".

Detrás del impacto que en España provocó, Dignidad encierra una crítica al sistema político, a la construcción supuestamente democrática de nuestra sociedad y a la verdad incierta de los vínculos humanos, honduras en las que Fiorillo acostumbra a meterse con sus actores. El público comentará o no sus identificaciones. Entre elenco y directora no hubo chisporroteos. "Ideológicamente -dice Vallejos- coincidimos los tres, en lo esencial creemos en lo mismo."

La directora del momento, también en España

La ganadora del ACE de Oro 2016 es una experta en thrillers. Sus últimas puestas en escena -El principio de Arquímedes, Nerium Park, ahora Dignidad- lo demuestran, pero, sobre todo, dejan en claro que su interés reside en lo que hay detrás de la espuma. "Lo que me importa son los vínculos, lo que sucede entre los personajes", dice la directora del año que tendrá un 2017 más que intenso. Después del estreno de Dignidad, Fiorillo viajará a Madrid para dirigir Concierto para un olmo, de Triana Lorite, donde se juntan en el escenario un pianista, una bailarina y una actriz que es nada menos que Charo López. Regresará a Buenos Aires y el 3 de marzo estrenará en Timbre 4, Tebas Land, del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, con Lautaro Perotti y Gerardo Otero. Para junio, en el Regio, con producción del Complejo Teatral de Buenos Aires será el turno de tomar un clásico de Molière, El avaro, con Antonio Grimau, Nelson Rueda, Iride Mockert, Silvina Bosco, Maia Francia y Marcelo Mazzarello, y luego en agosto, en el Picadero, dirigirá la primera coproducción teatral entre Underground y Sebastián Blutrach, Jazmín de invierno, de Carla Moure. Circuito comercial, oficial, off y extranjero, a Fiorillo no le falta nada.

Sobre Dignidad, no duda: "Es el momento ideal para esta obra".

Fuente: La Nación