viernes, 3 de marzo de 2017

Paula Ransenberg


Paula Ransenberg, la exquisita actriz que todos observan en este momento

Milita en la escena off desde los 12 años y se destaca desde siempre, pero sus últimos trabajos en Para mí sos hermosa, Nerium Park y Todas las rayuelas le dieron mayor notoriedad

Se la suele reconocer como una actriz magnética, exquisita, con mucha capacidad para generar ilusión. Cuando se conoce a Paula Ransenberg, muy rápidamente se llega a la conclusión de que todas esas cualidades están en su ADN. Conversa de manera muy entusiasta, devela aspectos de su vida de forma tranquila, aunque carga ciertas anécdotas con la pasión o la emoción necesarias para que uno siga su relato con profundo interés. Se muestra como una mujer de extrema vitalidad y en su historia de vida aparecen tres mundos muy definitorios que la llevaron a desarrollarse dentro de la actividad artística.

El primero, un abuelo que escapó del nazismo y llegó a la Argentina manteniendo un sueño. Quería ser actor y hasta se animó a hacer un curso por correspondencia. El segundo, su mamá química y su papá ingeniero, la conectaron cuando era niña con la expresión corporal y la danza. El tercero, con sus maestros Alejandra Boero, Juan Carlos Gené y Verónica Oddó entabló lazos tan fuertes que hoy, apenas menciona sus nombres, su voz se quiebra y sus ojos dejan escapar algunas lágrimas.

A los 12 años, Paula Ransenberg ingresó al estudio de Boero y de inmediato descubrió que ese era su lugar en el mundo. Sus estudios de clásico con Mercedes Serrano y Wasil Tupin rápidamente quedaron en el recuerdo. Una frase de aquella maestra, "el teatro es una militancia", parece regresar a su memoria continuamente, como un leve susurro que no sólo sostiene su carrera, sino que, además, ella transmite a sus alumnos en la escuela de formación de actores de Timbre 4.

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Y está muy convencida de eso. Junto a sus compañeros de teatro (Claudio Tolcachir, Luciano Cáceres, Claudio Quinteros, Dolores Ocampo, entre otros) ayudaron a dar forma a la sala Andamio 90. Por entonces sus otros compañeros, los de la escuela secundaria, no eran tan importantes. Prefería los ensayos hasta las 5 de la mañana. Acabar el día exhausta, pero tratando de formar parte de una "tribu" de artistas creativos y responsables. La intención de máxima, "abrazar el teatro como una forma de vida".

Fue muy constante en su carrera. Es más, no le resultó fácil dejar de ser alumna de Andamio. "La Boero siempre decía que había que hacer teatro independiente -explica la actriz-, no le gustaba que participáramos en casting para televisión, por ejemplo. Eso tenía una cosa de mucha protección, pero también de mentira. Pasaban los años y, de alguna manera, no avanzabas profesionalmente."

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En ese tiempo, Paula Ransenberg comenzó a estudiar alemán y a los 23 años empezó a dar clases en una escuela de Moreno. Un consejo familiar señaló que era necesario tener una profesión alternativa. Pero ejercer la docencia en el conurbano bonaerense no era lo suyo. Fue entonces cuando su reloj interno dijo: "Ya es tiempo, tengo que soltarme, estoy harta de esperar que me llamen". Dejó la docencia y se lanzó a crear su primer trabajo unipersonal, Sólo lo frágil (2010), junto a Luciana Dulitzky. En escena, cinco personajes, una geisha, una bruja negra, un general del ejército, un esqueleto de mujer y una anciana se mostraban atravesados por una profunda soledad. Ese espectáculo posibilitó a la crítica y al público reconocer la capacidad interpretativa de una magnífica creadora que, con mucha facilidad, mutaba de un personaje a otro y lo hacía con una versatilidad notable. Allí quedó impreso su magnetismo para captar la atención del espectador, su exquisitez a la hora de componer a los personajes, su capacidad para generar un mundo ilusorio repleto de magia.

De tanta magia que de allí partió para concebir su segunda experiencia unipersonal, Para mí sos hermosa (2014). "Con Luciana decidimos seguir trabajando juntas y apareció otro proyecto, pero lamentablemente no prosperó -confiesa Ransenberg-. Fui a verlo al guionista de televisión y director Marcelo Nacci. Le hablé de los personajes que habían aparecido (la mujer del mago, la siamesa, la mujer magnética). Le conté la historia de mi abuelo y él reconoció que yo quería hablar de él y ubicarlo como un mago que escapa de un truco y nadie sabe qué pasó, dónde está. Fue un largo proceso, pero muy rico. Allí valorice a algunas criaturas que ya habían nacido y con él, como director, creamos otras."

Estos proyectos le posibilitaron a la actriz descubrir un mundo hasta entonces desconocido. Estar en soledad sobre un escenario, algo que a ella le encanta. "Me gustan los personajes solos -afirma-, me seducen y me conmueven. Disfruto una enormidad. Me acostumbré tanto al público que descubrí que la cuarta pared no existe. Tener a los espectadores como compañeros de ida y vuelta es genial. Me divierto y no lo padezco."

En general los personajes de los que habla son seres con cierta oscuridad. Ella misma los define como "deformados, monstruos". Seres, sobre todo los últimos, escapados de una feria de variedades.

Pero 2016 le ofreció la posibilidad de correrse de esa estructura de trabajo y también de dejar de estar sola. El año pasado, con dirección de Corina Fiorillo, estrenó Nerium Park, de Josep María Miró, junto a Claudio Tolcachir (en Timbre 4) y, actualmente, forma parte del elenco de Todas las rayuelas, de Carlos La Casa, en el Multiteatro, su primer trabajo como actriz en el teatro comercial. Allí comparte escena con Hugo Arana, Esteban Meloni, Daniel Dibiase y Heidi Fauth, en una labor destacable. La dirección está a cargo de Andrés Bazzalo.

"Nerium es un material que me posibilitó reencontrarme en escena con Claudio Tolcachir -cuenta Ransenberg-. Somos una pareja de hermanos de toda la vida. Las funciones fueron muy placenteras. Realmente uno se siente vivo. Salimos a jugar y es como poner una turbina en funcionamiento. Para Todas las rayuelas me llamó el productor Sebastián Blutrach y me pasó la pieza. Él vio Nerium Park y le interesó mi trabajo. La obra nos convocó enseguida. Hugo Arana dice que es una pieza que posee una gran nobleza y apela a lo más humano de cada uno. Trabajar con Hugo es una experiencia maravillosa. Admiro su capacidad para estar tan vivo en escena, sin impostura. Es un compañero muy generoso y, además, enseña. Extrañamente mi personaje, una arquitecta, se parece mucho a la jefa de personal que construyo en Nerium Park. A mis 40 años me tocó hacer de linda."

Pero en contraposición acaba de reponer, también en Timbre 4, La suerte de la fea, de Mauricio Kartun, como directora. Ella eligió el texto porque quería volver a trabajar con Dulitzky. Hablaron con el autor, quien sentía que su material estaba algo inconcluso, pero aceptó darles los derechos. Para disipar las dudas del maestro Kartun, avanzado el proceso de ensayos, le mostraron el trabajo en su estudio. La obra acaba de ingresar en su segunda temporada.

Tal vez por aquello de la "militancia", que señalaba Alejandra Boero, a Paula Ransenberg le gusta dar clases. "Tomar contacto con el proceso vivo del aprendizaje. Poder descubrir con el otro el momento donde decís «esto es actuar, esto es crear una mentira que es verdad». Eso para mí es un alimento muy grande como persona y actriz."

Todas las rayuelas

Dirigida por Andrés Bazzalo

De miércoles a domingos, en el Multiteatro, Corrientes 1283.

Nerium Park

Dirigida por Corina Fiorillo

Desde el 16 de abril, domingos, a las 17, en Timbre 4, México 3554.

Fuente: La Nación